El tema de tesis doctoral ¿Estás seguro que quieres saber?

Tal vez la pregunta más temida de un doctorante en cualquier reunión familiar es ¿de qué se trata tu doctorado? Es el primer ejercicio de reduccionismo extremo con miras a intentar transmitir la complejidad del objeto en el que se nos va la vida, o buena parte de ella. Yo tengo el gran defecto de hablar hasta por los codos y pobre de aquel que se aventura a intentar averiguarlo, porque según el momento me puede llevar hasta 20 minutos. La experiencia me ha enseñado a tener un poco de piedad, simplificar al máximo y ante todo preguntar: ¿estás seguro que quieres saber? (así, como diciendo esto llevará un rato). Y así la mirada de mi valiente interlocutor me indicará que tan lejos puedo ir. ¿Y tú, seguro quieres saber?

Si has decidido que quieres saber…

Pues bien, empecemos con la versión para toda la familia. El título es “Los KPI (indicadores de eficiencia) de la comunicación, el director de comunicación en la era digital”. Concretamente estoy estudiando las posibilidades que tenemos hoy en día para evaluar la eficiencia de la comunicación. En realidad, es algo bastante tangible en la vida cotidiana de cualquiera de nosotros: lo vemos a través del número de likes (o me gusta) en una publicación en Facebook, el número de followers en twitter, número de visualizaciones de un clip, etc.  Las fuentes cuantitativas para evaluar y comparar lo que comunicamos se han multiplicado considerablemente. Y seguirán haciéndolo.

Sin embargo, ¿podemos decir que una publicación ha sido exitosa porque tiene una gran cantidad de likes? ¿La calidad del contenido de un video depende del número de visualizaciones? No necesariamente. Hay muchos factores que intervienen en ello. Los algoritmos por supuesto son uno de ellos. Al depender de las innovaciones tecnológicas y de empresas con objetivos propios, las condiciones de la evaluación son poco estables y pueden inducirnos a error. Además, se trata de entornos cambiantes, por no hablar de la curva de aprendizaje que implica cada nuevo indicador. Pero hay otros factores que intervienen en la percepción de éxito.

La cuantificación de realidades complejas

Vivimos en una era en la que pareciera que todo se puede contabilizar, tenemo por ejemplo la idea del “Quantified self” (el Ser cuantificado) que convierte en indicadores cada gesto, diríamos que todo puede regirse con métricas. Tenemos aplicaciones con las que podemos contar desde nuestro número de pasos al día, las calorías que consumimos o incluso los días al mes que estuvimos de buen o mal humor. Se generan gráficos, se fijan objetivos y se analizan los resultados. ¡Genial, no? Sí, es genial mientras tengamos consciencia de aquello que se cuantifica. Investigadores como Ted Porter o Alain Desrosières nos explican que simplificar la realidad en números implica distanciar la relación entre la métrica y el objeto que se estudia.

Al contabilizar la realidad simplificamos cuestiones complejas en números abstractos fácilmente comprensibles. Es un recurso valioso cuando se utiliza adecuadamente pero también implica riesgos, sobre todo cuando hablamos de cuestiones como la comunicación, que dependerá de los objetivos concretos de quien comunica, del contenido del mensaje o de su capacidad para incitar a la acción. Como verás una serie de cuestiones que van más allá del simple número de clics. Efectivamente, el dichoso número de clics es un indicador de resultados, pero no necesariamente de impacto y no necesariamente el se debería considerar.

Para interpretar los números necesitamos un saber experto y ahí radica la importancia del responsable de comunicación. Hay una historia, variables, objetivos y una serie de elementos que requieren de la experiencia e interpretación humana. La cuestión es que se trata de un saber único. ¿Pero cómo defenderlo en un entorno dominado por una tecnología que se presenta como siempre mejor e infalible?

La comunicación, la eficacia y la relación con el entorno 

Si la comunicación fuera una ciencia objetiva y abstracta, las métricas de evaluación serían mucho más sencillas. Pero los que nos dedicamos a esto sabemos que tiene un componente subjetivo importante. Al final tratamos con personas y percepciones. Tanto el emisor como el receptor vienen con su propio bagaje de emociones y referencias culturales que determinan lo que puede ser positivo o negativo en un momento determinado. Así, la definición de lo que implica una comunicación exitosa también depende de diversos factores (de ahí la importancia de definir los indicadores antes de empezar cualquier acción). Entre los factores están los recursos humanos con los que cuenta el director de comunicación, pero también la cultura de la organización en la que trabaja e incluso el clima organizacional interno.

La Comunicación es una profesión joven y multiforme. Su constitución es relativamente reciente para los estudiosos de la sociología de las profesiones. Aunque podemos estudiar los discursos de Cicerón desde la perspectiva de la comunicación, la realidad es que no podemos observarla bajo el mismo prisma del profesiones como el Derecho, la Medicina o el Periodismo. Además resulta difícil de definir en un marco específico. Podemos referirnos a cuestiones muy diferentes dependiendo si la abordamos desde el ángulo de las relaciones con la prensa, de la comunicación interna, de los eventos, o de la comunicación de crisis…

Además desde su origen coquetea con otras dos grandes áreas: el marketing y la publicidad. Nunca fue sencillo delimitar estos tres grandes dominios. Sus fronteras se parecen más a los mapas cambiantes de Europa en los últimos 500 años que a un organigrama definido. Hablamos de tierras (o grandes clientes y cuentas) conquistadas, perdidas y vueltas a reconquistar. La llegada de las redes sociales significó un terremoto cuyo cisma hizo que ahí donde antes se caminaba ahora se navegue. Son fronteras fluidas e inconstantes cuyo vencedor está lejos de poder proclamarse. Un nuevo reino se está creando.

Preguntas frecuentes

¿Dónde se realiza la tesis?

El terreno de investigación incluye Francia, España, Reino Unido y México. La comunicación digital es un aspecto global y, dado mi perfil, la cuestión multicultural es muy importante. Hay un tiempo de trabajo previsto en cada país.

Y entonces ¿cómo evaluamos la comunicación?

Se han realizado muchos intentos y los esfuerzos continúan. Desde las teorías de la evaluación de los años 70 hasta los principios de evaluación de la comunicación acordado en Barcelona, y otros tantos esfuerzos más. La cuestión de la evaluación es espinosa porque más allá de la existencia de una métrica objetiva (que es lo que nos gustaría pensar) las métricas dependen en gran medida de un consenso entre los actores implicados y de los vínculos de confianza. Por ello solemos recurrir a un tercero de confianza que garantiza la imparcialidad. 

Y todo esto, ¿para qué?

Como dice nuestro querido Umberto Eco, hacer una tesis doctoral significa un ejercicio intensivo para organizar las ideas propias, ordenar datos de manera metódica y adiestrar la memoria. A nivel personal tiene una utilidad durante la realización y después por lo que nos deja pero también debe ser útil para la sociedad.

Mi interés en las métricas de la comunicación fue dado por mis propios clientes en consultoría estratégica de comunicación y se trata de un tema que exploro desde 2011. Para el responsable de comunicación es difícil demostrar el valor de las acciones que realiza. Los indicadores numéricos son una opción tangible y comprensible por cualquier miembro de la organización; sin embargo, dejan de lado matices importantes. La tentación de sucumbir a los números es grande, y recurrir a tácticas que incrementen los números a costa de la ética o del rigor de los contenidos producidos es considerable.

El reto de los profesionales de comunicación hoy en día es identificar los indicadores, entenderlos e integrarlos a sus estrategias. De esta manera podrán aprovechar las posibilidades del entorno sin perder la complejidad de la profesión. Sólo así, desde mi punto de vista, se puede contrarrestar las prácticas poco éticas.

Sirva este ejercicio para aportar luz a las prácticas del mundo de la comunicación y comprender cómo nuestra sociedad integra, adapta y utiliza las nuevas tecnologías. Observar cómo lo estamos haciendo, identificar riesgos, y preservar la relación entre la tecnología y la sociedad.

Alebrijes, tecnología y sociedad

Umberto Eco describe la tesis doctoral como un proceso de aprendizaje para ordenar el pensamiento. Es sobre todo un ejercicio intelectual que permite trabajar la elasticidad de las neuronas y agitar la curiosidad hasta dar a luz a nuevos conocimientos. Se trata de producir un saber inédito. Puede ser el funcionamiento de una molécula o una nueva teoría de pensamiento sobre las relaciones humanas. Debe basarse en el conocimiento de nuestros predecesores científicos, ya sea por extensión o refutación de sus teorías, y ser comprobables.

Mi parte favorita de su libro “Cómo se hace una tesis” es la conclusión:

“Hacer una tesis significa divertirse y la tesis es como el cerdo, en ella todo tiene provecho. Pero ante todo, debe ser una experiencia a disfrutar” [1]

En realidad, y más allá de realizar un doctorado, ese fue mi principal objetivo: disfrutar el proceso. Al iniciar me propuse lanzarme a esta aventura con la mirada en el camino, en el instante presente y no en el objetivo final. Reconozco que en la práctica resulta un objetivo difícil de cumplir a diario y por ello cuando encontré el libro de nuestro querido Eco, agradecí su consejo.

Pero me he lanzado de lleno al tema sin ni si quiera presentarme, y para un primer post resulta una entrada un poco abrupta.

Soy Valeria Ramírez y actualmente realizo un doctorado en la Universidad de París. El título de este post Alebrijes, sociedad y tecnología, describe bien mi vida en tiempo real. Los alebrijes son seres imposibles, de formas caprichosas y colorido exultante cuya principal característica es la combinación de diferentes animales en un solo ser. En mi caso cada animal es una faceta profesional teñida del color de la multiculturalidad.

Mi primer amor vocacional fue el periodismo en México, lo sé, se trata de una relación tóxica pero no la puedo abandonar, nos necesitamos. En Madrid, caí en los brazos estables y predecibles de la comunicación financiera. Entonces no imaginé que la crisis económica de las subprime me lanzaría a una montaña rusa de gestión de crisis y aprendizaje. Finalmente llegué a la romántica París, cuyos puentes y canales he recorrido de la mano de la consultoría estratégica en el sector de la investigación y tecnología. Así, he tenido la oportunidad de asesorar organismos de investigación franceses, startups y empresas de innovación sobre la mejor forma de identificar, estructurar y comunicar los mensajes que necesitan transmitir. Aquí una nueva vocación, casi tan fuerte como el periodismo ha llamado a la puerta: la docencia, desde hace varios años tengo la oportunidad de dar clases en la universidad y es algo que me apasiona.

En busca de nuevas y apasionantes aventuras, decidí lanzarme a la realización de una tesis doctoral, y es ahí donde adquiere sentido la otra parte del título de este post: “sociedad y tecnología”.  Vivimos en una época en la que la tecnología marca el ritmo de nuestra actividad diaria. Para bien o para mal la hemos integrado en nuestra existencia como una parte natural. Los avances médicos nos permiten una mejor y más longeva existencia. Las innovaciones nos ahorran tiempo y aportan confort. Pero por otro lado padecemos los estragos de la hyperconectividad, de la polarización de ideas debido a nuestra exposición sesgada a la información y de otros tantos retos que nuestra sociedad tiene por afrontar. Pues bien, el objetivo de este blog es de explorar esa realidad juntos. No se trata de asustarnos ni de lanzarnos a la piscina del ultimo gadget presentado en la MobileCongress de Barcelona. Se trata simplemente de aportar una mirada crítica y una perspectiva humana al uso de estas herramientas. Finalmente, ya sea un zapato o un algoritmo es el ser humano quien lo ha creado y la sociedad lo ha integrado.

¿Y el tema de la tesis? Esa es otra historia…


[1] Eco, Umberto. Cómo Se Hace Una Tesis: Técnicas y Procedimientos de Estudio, Investigación y Escritura. Barcelona: Gedisa, 1982.