El teletrabajo, un cambio de paradigma.

La crisis sanitaria nos obligó a una inmersión prematura en los mares del teletrabajo. La necesidad de asegurar el funcionamiento de nuestras sociedades, la continuidad pedagógica y a la actividad profesional nos llevó a saltar al agua y sobrevivir con los magros recursos con los que disponíamos. Algunos con apenas una laptop personal como salvavidas mientras otros con la ayuda de una estructura más sólida concebida por equipos multinacionales o la práctica de haber experimentado con modelos de trabajo a distancia. Pero la realidad es que ninguno estaba preparado para migrar a un modelo a distancia durante varios meses. Nuestra sociedad está experimentando una mutación estructural y parece necesario detenernos a observar los cambios. Hablemos del impacto de las tecnologías como tierra de referencia en este nuevo mundo acuático.

Hay tres cuestiones a destacar: la variedad de modelos existentes en el espacio público, el cambio en la percepción del valor del trabajo, y la importancia de las infraestructuras materiales más allá de su utilidad primaria.

LOS teletrabajos

En primer lugar, me gustaría señalar la necesidad de abordar el tema desde el plural “los teletrabajos” en lugar de “el teletrabajo”. Con frecuencia nos referimos al teletrabajo como si se tratara de una práctica homogénea en la que todos coincidimos. El principio debería ser simple. Del griego: Tele τῆλε que significa lejos y del español “trabajo”: ocupación retribuida. La definición parece evidente. Sin embargo, a partir de este acuerdo (en principio compartido) surgen realidades heterogéneas que obviamos cuando nos referimos a él. Tenemos la falsa impresión de compartir esta nueva realidad laboral cuando individualmente se vive de manera muy diferente.

Tenemos la falsa impresión de compartir esta nueva realidad laboral cuando individualmente se vive de manera muy diferente.

¿Por qué ocurre esto?, Habermas define es Espacio Público como el ágora física dónde se discuten ideas, dónde nos encontramos y nos reconocemos. Son los cafés, mercados, espacios de trabajo compartido y plazas públicas dónde se discuten las cuestiones que preocupan a la sociedad. Ahí emerge el debate público y se construyen naturalmente los aspectos normativos que definen a la comunidad. En ese sentido, el espacio de trabajo constituye un espacio público por oposición al espacio privado y familiar. Si bien es cierto que una parte del espacio público existe naturalmente en internet[1], el espacio público físico constituye un conjunto de condiciones y procedimientos que garantizan que las conversaciones y debates se orienten de manera justa[2], proporcional y racional. Ello permite la legitima expresión de reivindicación colectiva y evita que ésta se imponga a través de la violencia o sea reducida al silencio.[3] La pérdida de este espacio público profesional, implica también el desvanecimiento de esta “puesta en común” de nuestras realidades, de conversar, convenir y confeccionar reglas que convienen a la mayoría.

Compartimos el espejismo de un tele trabajo homogéneo gracias a la idea de que podemos continuar ese espacio público a distancia gracias a las nuevas tecnologías, pero la realidad es mucho más fragmentada. No me refiero únicamente a la diferencia de condiciones entre una madre de familia que trabaja y cuida a sus pequeños simultáneamente o a la calidad del espacio de trabajo que puede ir desde un estudio de 20 metros cuadrados para trabajar y vivir hasta disponer con un despacho con vistas al mar. Sin duda son variaciones importantes, pero aquí me refiero a las diferentes adaptaciones de las herramientas tecnológicas que cada empresa implementa entre sus empleados.

Por ejemplo, tenemos aquellos que privilegian la comunicación por mail, con muy pocas llamadas y una gran autonomía. O bien modelos en que los empleados se deben conectar todas las mañanas y enviar un mensaje al grupo de whatsapp para dar los buenos días y confirmar presencia. Existen aquellos jefes para quien una call conference a la semana basta y otros que no sólo obligan a una visio conferencia diaria sino que también instalan un programa que registra las páginas visitadas por el empleado y guarda impresiones de pantalla cada 10 minutos. Probablemente el extremo de la impersonalidad del trabajo a distancia se lo lleva Uber, al realizar un despido masivo a través de una video conferencia.

Los modelos son muy variados y hasta ahora sólo hemos escuchado la voz de las grandes empresas con experiencia la migración virtual y que se pueden permitir clarificar y homogeneizar protocolos. Sin embargo, cada vez que hablemos de “tele trabajo” conviene recordar que son realidades diferentes. Se trata de una gestión que va variar mucho en función del modelo de liderazgo, de la cultura corporativa de la empresa e incluso de la personalidad de cada uno. Y recordar también que carecemos de ese espacio público de “puesta en común” de nuestras realidades profesionales, de construcción social y normativa que permiten la expresión colectiva. Estos espacios de restitución laboral son difícilmente remplazables por conferencias informal y no debemos obviar impacto del cambio a largo plazo tanto a nivel individual como profesional.  

El cambio en la percepción del valor del trabajo

El segundo punto. La idea de trabajo a cambio de un “salario”, palabra de origen latín que hace referencia a la sal que recibían los soldados romanos a cambio de su tiempo de servicio. La idea de que el patrón o el jefe es propietario del tiempo de la persona a cambio de un salario es una convención social establecida, reconocida y reforzada por siglos. La manera en que el patrón hace uso de ese tiempo es fundamentalmente su problema, mientras el trabajador esté ahí. El trabajador dispone de tiempo, cuenta con horas de actividad de su existencia que puede vender que el patrón paga. Para el jefe las horas de trabajo deben ser productivas, mientras que para el empleado las horas de trabajo deben ser lucrativas.[4]

A partir de esta convención social, de este principio compartido, se crean muchos modelos diferentes. A mayor educación mayor valor a cambio de esa hora de tiempo. O bien, una hora de tiempo no vale lo mismo si se localiza geográficamente en Londres o en Pakistan. A partir de esta realidad compartida se podían negociar diferentes fórmulas: reducir costes a través de la deslocalización, o encargar trabajos al otro lado del mundo por internet… pero se partía de una realidad compartida.

¿Qué pasa ahora? Que ese principio de acuerdo se fragmentó en un par de meses y ahora se está reconfigurando. Pasamos de la urgencia del momento hacia un modelo que pretende perennizarse. Y aunque sabemos que hay trabajo que se pueden realizar a distancia la percepción del valor que acordamos al tiempo varía. Por eso la realidad es que mucha gente se enfrenta a trabajar incluso más tiempo desde su casa, porque de alguna manera no alcanzan a ver el valor de su trabajo en esta nueva dinámica. 

La tendencia indica un cambio de percepción de trabajo en forma de proyectos y objetivos, no de tiempo. Lo cual no tiene por qué ser negativo. Sin embargo, es importante recordar que se trata un concepto diferente al que hemos aprendido por siglos, y que mucha gente tendrá que aprender por ejemplo a negociar el valor de su tiempo en función de su capacidad a realizar un proyecto y de vender sus propias competencias de manera continua. Son nuevos retos a los que se enfrenta nuestra sociedad que se agregan a batallas existentes, como el de la igualdad salarial entre hombres y mujeres y que nos obliga a revisitar realidades comúnmente aceptadas.   

Estamos aprendiendo a tele trabajar pero dicho aprendizaje va más allá de la cuestión técnica y de las nuevas tecnologías. Y aunque se dice que estamos volviendo a formas de organización económica previas a la revolución industrial, la realidad es que estamos construyendo un nuevo concepto que poco tiene que ver con el original, una nueva convención de relación con el trabajo se está implementando a gran velocidad y, como sociedad, necesitamos tiempo para ensayo y error, ver cómo respondemos y permanecer atentos a los cambios para asegurarnos que vayan hacía donde deseamos y no perder el terreno ganado a lo largo de siglos de luchas sociales.    

La importancia de las infraestructuras materiales

El último aspecto que me gustaría destacar es rol de las infraestructuras y abordo aquí sólo una introducción de un tema vasto. Se trata de la realidad de desmaterializar los procesos y de la legitimidad y autoridad que se pierde en el proceso. Una realidad de la que no estamos siendo necesariamente conscientes. Jean Marc Weller[5] explica a lo largo de un largo trabajo etnográfico, el rol que juegan componentes materiales como la organización de las oficinas y los archivos en la creación de la autoridad de los organismos del estado francés.

Weller constata la importancia real de gestos físicos como el poner un sello, la pila de papel de un lado de los casos tratados y de los no tratados, y la relación de las infraestructuras con la autoridad construida y percibida del estado. Más allá de los riesgos de ciber crimen a los que nos exponemos con procedimientos de validación en línea, estamos viviendo un cambio de paradigma de cómo lo la pérdida paulatina de la validación a través de una persona y física resulta una cuestión de importancia.

¿Tiene el mismo valor un sello físico que una versión únicamente digital? No me cabe duda que nuestra sociedad se adaptará al cambio, pero es importante ver hacia dónde van los movimientos sociales.  

La implementación masiva del tele trabajo debido a la crisis sanitaria implica adaptación, incertidumbre, y un cambio sustancial en la vida profesional de la mayoría. Sin embargo, también representa la oportunidad de construir un nuevo liderazgo basado en la ética, la confianza, y la productividad con respeto a las necesidades y calidad de vida de los trabajadores.


[1] Dominique CardonLa démocratie Internet. Promesses et limites, Seuil, coll. « La république des idées », 2010, 102 p., EAN : 9782021026917.

[2] Un ideal de justicia no necesariamente alcanzado. Desde una perspectiva feminista, Nancy Fraser explica cómo el espacio público ha fallado a dar voz a todos los integrantes de la comunidad.  Nancy Fraser, « Rethinking the Public Sphere. A Contribution to the Critique of Actually Existing Democracy », Social Text, n° 25-26, 1990, p. 56-80.

[3] https://www.politika.io/en/notice/publics-and-publicity-towards-a-pragmatist-enquiry

[4] Waxweiler, Emile. ‘SUR LE CONFLIT DES ÉVALUATIONS Dans Le Débat Du Salaire’. Revue d’économie Politique 21, no. 8/9 (1907): 584–95.

[5] WELLER (Jean-Marc), des actes d’État. Une ethnographie du travail bureaucratique, Économica, coll. « Études sociologiques », 2018, 313 p.